El parapente es la forma más sencilla y emocionante de volar y también el aparato volador más ligero que existe: un equipo de vuelo completo ronda los 20 kg., y se despega y aterriza con los pies.

 

El parapente nació a finales de los años 70 como una derivación del uso de paracaídas para descender desde montañas con fuertes pendientes, de ahí su nombre 'para-pente'. Los primeros parapentistas eran en su mayoría escaladores que buscaban una manera sencilla de bajar de las cumbres una vez que las habían alcanzado, pero su evolución hacia verdaderos planeadores capaces de engancharse a las corrientes térmicas ascendentes, subir y mantenerse en el aire durante horas convirtió al parapente en un deporte en sí mismo, recreacional y competitivo, que hoy practican miles de personas en todo el mundo y que cuenta con circuitos de competición de alto nivel para sus dos disciplinas, el vuelo de distancia o ‘cross-country' y la acrobacia.

 

¡Todos a volar!

 

El parapente atrae a hombres y mujeres de las más diversas procedencias, edades y orígenes, apasionados por la posibilidad de volar en pleno contacto con la naturaleza, utilizando los recursos que ésta ofrece, y por la belleza del paisaje visto desde el aire. Hay pilotos que han comenzado a volar a edades tan tempranas como 10 o 12 años, y otros que con más de 70 siguen practicando el vuelo libre.

 

Debido a las altas prestaciones de los actuales parapentes ya no se necesitan pronunciadas pendientes para despegar, basta con una ladera enfrentada al viento (que debe tener una intensidad entre 10 a 25 k/h) , y también se puede realizar el primer vuelo sin saber nada: en un parapente biplaza junto a un piloto calificado. Incluso se han inventado máquinas propulsoras que permiten despegar desde suelo llano dando lugar a un deporte distinto, el Paramotor o ‘parapente motorizado'.

 

Pese a estar considerado como un deporte “extremo” el parapente no conlleva grandes exigencias físicas para aprender a volar y es posible mantener un elevado nivel de seguridad en todos los vuelos, siempre y cuando se aprenda a volar en una buena escuela, mejorando posteriormente los conocimientos propios y la habilidad en el aire, además de utilizar el equipo más adecuado a cada persona.

 

El equipo está formado por el parapente, una estructura de tela ligera auto-inflable que recuerda a un paracaídas (aunque con alargamiento y envergadura mayores y una estructura más compleja), formado por varias celdas abiertas por un extremo lo cual permite que se llenen de aire y que la estructura mantenga una forma aerodinámica para posibilitar la sustentación en el aire, tal como las alas de un avión, –y así, volar. El parapente va unido mediante finas cuerdas de material altamente resistente a un arnés en el que el piloto va sentado disponiendo de un mando en cada mano que, al accionar la parte trasera de cada semi-ala, le permite variar la trayectoria de vuelo.

 

No se necesitan condiciones especiales para aprender a volar, sólo basta con ser capaz de correr y estar medianamente en forma para subir pequeñas pendientes llevando el equipo. El vuelo debe aprenderse en una escuela calificada. La mayoría de las zonas de parapente más populares cuenta con escuelas instaladas en ellas, generalmente registradas (y reconocidas) ante asociaciones o federaciones nacionales, que disponen de los equipos de entrenamiento adecuados para prestar a los alumnos durante el curso. Así, no es necesario comprar el equipo para aprender.

 

Los sistemas de instrucción varían de un país a otro, aunque los cursos de iniciación suelen durar alrededor de 10 días de instrucción práctica, tras los cuales el piloto ya es capaz de despegar y aterrizar solo. Los cursos de iniciación suelen incluir también algunas clases teóricas que incluyen los conceptos básicos de la aerodinámica y el vuelo, la estructura y operación del parapente y algunas nociones de meteorología.

 

A la hora de elegir una escuela es importante tener en cuenta algunas cosas, por ejemplo, la certificación y licencias de la misma (y/o del/los instructor/es), que cuenten con equipos en buen estado –los parapentes no deben estar rotos o muy desgastados y deben estar homologados para nivel básico o escuela, los arneses o sillas deben estar en buenas condiciones y llevar una protección en la espalda, deben darte un casco para proteger tu cabeza en cada vuelo-, que te proporcionen una radio para darte instrucciones en los vuelos de altura y, normalmente, que el instructor cuente con un ayudante de manera que siempre haya un responsable tanto en el despegue como en el aterrizaje para darte indicaciones por radio y así evitarte riesgos.

 

Tras las explicaciones preliminares, la primera fase de cualquier curso comienza por la práctica de inflados con carrera, sobre terreno llano. Estos consisten en controlar el parapente para que pase de ser una tela sobre el suelo a convertirse en un planeador sobre la cabeza del piloto, y aprender a mantenerlo sobre nuestra vertical sin que se nos caiga utilizando los mandos que llevamos en las manos, que permiten dirigir al parapente hacia un lado o el otro.

 

Colinas bajas o pendientes suaves serán el escenario de la siguiente fase, en la que los alumnos consiguen sus primeros vuelos cortos, experimentando la sensación de volar por apenas unos segundos, para aprender a despegar y a manejar su ala ya en el aire, pero con un gran margen de seguridad. En áreas que no tienen ninguna colina disponible se pueden utilizar tornos especiales para remolcar el parapente a baja altura.

 

Según progresan sus habilidades, los alumnos se trasladan a laderas más altas o empinadas (o remolques más altos con torno), haciendo vuelos más largos y aprendiendo a hacer giros con el parapente y controlar su velocidad y trayectoria para conseguir una buena aproximación, es decir, aterrizar correctamente en la zona en la que se quiere aterrizar. Luego se pueden practicar incluso giros completos en 360°, aterrizajes de precisión, maniobras de descenso básicas como las “orejas” y otras técnicas más avanzadas que muchas escuelas incluyen en sus cursos de progresión.

 

Las instrucciones de vuelo en esta parte del entrenamiento normalmente se proporcionan por radio, particularmente durante los primeros vuelos. Hay escuelas que realizan esta fase en vuelos biplaza o tándem, es decir, vuelos dobles en que el alumno va acompañado por el instructor en un mismo parapente. Volar en biplaza es también una forma de experimentar el vuelo sin necesidad de hacer todo el curso, o antes de un curso para saber si realmente uno quiere aprender a volar en parapente.

 

Las prácticas en el campo se combinan con algunas lecciones teóricas que cubren temas como meteorología, aerología y las normas generales de vuelo visual y comportamiento en tráfico aéreo.

Volar en Parapente: el sueño de volar al...
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